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La vida actual es agitada, ajetreada, caótica, y por momentos desesperante. Somos impacientes, queremos todo para ayer. No sabemos esperar al resultado de nuestras acciones y, como consecuencia de ello, terminamos por no saber disfrutar ni de las acciones que realizamos, ni de las consecuencias y resultados de las mismas.
Pasamos tan velozmente por sobre las cosas, que a veces ni siquiera las vemos. Olvidamos cómo apreciar los colores, los aromas… incluso los sabores. Claro que, con 15 minutos para almorzar, no será sencillo realmente disfrutar de nuestra comida, ¿verdad? Lo más probable será que elijamos algo sencillo y fácil de deglutir, como un sándwich, algunas papas fritas… mayormente: comida rápida, comida basura.
Por suerte aún hay en el mundo quienes, tal y como dice el viejo dicho popular, “sabe detenerse a oler las rosas”. Este grupo de personas, cansado de la tremenda acción actual -y por demás consciente de sus efectos negativos para la salud- dio comienzo a un movimiento que más allá del comportamiento, es casi una filosofía de vida: la calma, la paz, el Movimiento del Slow Life.
Codo a codo con esta ideología de tomar la vida con más calma, para así poder disfrutarla, se dio inicio al movimiento del Slow Food, que es el goce de la alimentación a un ritmo más desacelerado, pudiendo así no sólo disfrutar de las piezas culinarias, sino aportando además numerosos beneficios para nuestra salud y bienestar.
El Slow Food: costumbre italiana y cosmopolita
El Movimiento del Slow Food nació en Italia en la década de 1980, pero rápidamente se difundió en el mundo entero. Esta ideología prioriza el conocimiento y el disfrute de los alimentos que, mediante una ingesta calmada y pausada, pueden ser en verdad apreciados, permitiéndose así mejores combinaciones y creaciones, facilitando el proceso digestivo, y aprovechando al máximo todas las propiedades nutricionales que las comidas aportan a nuestros organismos.
Pero el Slow Food no sólo se refiere a la ingesta. También se relaciona a los nuevos –de hecho: los antiguos y readaptados- métodos de cultivo de los alimentos, así también como a su preparación la cual, a su vez y debido a este nuevo ritmo, puede ser realizada con mayor consideración y con mejores resultados.
Una Filosofía de Vida
El Movimiento del Slow Food es toda una filosofía de vida, y no tan sólo una práctica. Por lo tanto, posee un cierto conjunto de lo que puede ser asumido como “reglas”, insertas en un estatuto acogido de manera universal.
De tal modo, los objetivos de este Movimiento son:
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